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martes, 8 de septiembre de 2015

Mejor la línea recta.

Siempre que cruzo por esa esquina le veo descansando plácidamente,ajeno al trajín de la calle y al continuo discurrir de gente menesterosa con sus quehaceres y de coches apresurados. Diríase que no tiene más preocupación que disfrutar de la tranquilidad, sin urgencias ni agobios.

Transmite esa envidiable sensación de saber discernir lo importante de lo trivial, de sopesar las cosas en su justa medida y de movilizar los recursos estrictamente necesarios. Parece atesorar el conocimiento del valor de la sencillez de las cosas, del principio científico de parsimonia, que establece la primacía de la hipótesis más simple, obviando la complejidad o los requiebros, para explicar un mismo hecho.

Me miro en su espejo y caigo en lo mucho que nos complicamos la vida buscando caminos más largos o difíciles,

jueves, 23 de julio de 2015

Jugando en primera división.



Resultado de imagen de excelencia


La semana pasada tocó la revisión de la salud bucal y auné fuerzas para volver a la clínica fashion, que me dejó sensaciones tan contradictorias en la visita anterior. Sin embargo.esta vez la cosa fue bien distinta.

También desde el primer momento, la primera impresión fue impactante; máximo despliegue de medios, presentación impecable, electrónica multimedia de primer nivel, absoluta limpieza, paredes relucientes, equipamiento médico de infarto... Vamos que no faltó de nada.

Pero lo que terminó por desbordarme fueron los

miércoles, 1 de julio de 2015

El chico de la obra.

Carpenter Clip Art

Posiblemente muchos recordarán aquel spot televisivo de una conocida marca de refrescos en el que, a la hora del desayuno, el chico de la obra paraba la faena para tomarse un respiro, luciendo morenazo y musculatura torneada, para deleite de un fiel público femenino. Con menos glamour, pero mucho más auténtico, todos los viernes aparece por la oficina el repartidor de agua. De enormes dimensiones y pura carne de gimnasio, se planta en la puerta, ocupando el marco en altura y anchura. Diríase que se trata de un anuncio de complemento vitamínico, o del primo de la marca de zumos. Pero no, cuando la vista llega hasta su cara, sería más acertado caracterizarlo para promocionar pasta dentrífica o, mejor aún, una auténtica declaración de alegría y felicidad.

Porque lo que realmente destaca, por encima de su fortaleza y descomunal tamaño, es la amplia sonrisa de oreja a oreja y no sólo en la boca, sino en los ojos y en todas sus facciones. Siempre acompañada de una breve carcajada como tarjeta de visita, parecería que se tratase de un joven Papa Noel si le pusiéramos barba blanca y rellenásemos su perímetro. Cualquier indicio amenazante desaparece al momento, proyectando cercanía y buen humor, siempre con una vitalidad contagiosa. Lo cierto es que es la alegría de la huerta y se nota.

Invariablemente, me asalta el mismo pensamiento cuando le veo.

martes, 23 de junio de 2015

Un día de pesca.

Pescadoreli Clip Art

Por la tarde, camino del curso de marras al que me he referido en anteriores ocasiones, siempre me encontraba con la misma escena: en un scalextric de la autopista, al abrigo de la sombra producida por la misma estructura de hormigón y asfalto, un pequeño grupo de jubilados jugando a las cartas en una mesa playera en la que nunca falta bebida y comidaMientras, las cañas de pescar trabadas entre las piedras esperando a que los peces se decidan. Desconozco si se reúnen para pescar o aprovechan la excusa de la pesca para organizar las reuniones vespertinas y pasarlo en grande. Lo cierto es que transmiten una envidiable sensación de placidez y bienestar.


En contraste, reconozco que la trascendencia y exigencia del mencionado curso me ha tenido en tensión durante demasiado tiempo, posiblemente desde el primer momento. Aunque el resultado final ha sido positivo, la cantidad de horas dedicadas y el enorme esfuerzo han supuesto un notable desgaste personal. El sentido de responsabilidad podría manifestarse como en la fábula en la que el balsero

domingo, 10 de mayo de 2015

¡Oh cielos, qué horror!

Pin en Childhood Series 动画片 
A riesgo de parecer increíble, lo cierto es que de pequeño no teníamos móviles, videojuegos ni Internet, aunque tampoco los echábamos en falta. El entretenimiento multimedia lo proporcionaba la televisión, donde disfrutábamos con deleite de los dibujos animados como Heidi, Marco, Mazinguer Z, La abeja Maya, Los Pitufos…

También estaban los personajes de Hannah Barbera, entre ellos Leoncio y Tristón, un león y una hiena que caminaban, vestían y hablaban como humanos, con caracteres bien diferentes. Leoncio representaba al optimismo permanente y a la alegría, en tanto que Tristón se mostraba alicaído, temeroso y siempre veía la botella medio vacía. La mera imagen gráfica les describía: el uno erguido, con aplomo en los andares y la sonrisa de oreja a oreja, en tanto que el otro, encorvado, cabizbajo, y repitiendo continuamente el mantra “Oh cielos, que horror”.

Puede que los personajes no resulten populares actualmente, pero los encuentro de máxima actualidad. La forma de encarar las cosas, la mera actitud al levantarnos y comenzar el día, pueden ser una plena declaración de intenciones de gran trascendencia en los resultados de nuestros actos y en nuestra vida.

La actitud positiva,

miércoles, 8 de abril de 2015

Palotes y palazos.


Resultado de imagen de contar palotes
A vueltas con el curso que me tiene de los nervios, recientemente culminamos el segundo trimestre, confío en que con fortuna para todo el grupo. La exigencia de la materia, lejos de hacer concesiones, mantiene el nivel, lo que nos ha requerido constancia, tiempo y dedicación. En contrapartida, el grupo se ha cohesionado aún más, haciendo válida la célebre expresión, “todos a una”, que lo mismo podría ser “uno para todos…” El intercambio de consultas y la colaboración permanente se han convertido en un agradable y reconfortante hábito y acicate para el estudio, a pesar del menoscabo del sueño, descanso o familia.

Al mismo tiempo, el apoyo mutuo, la complicidad y el buen humor se han instalado en las interacciones cotidianas, dentro y fuera del aula, presencial y telemáticamente, reforzando y retroalimentando la dinámica productiva. Porque no nos confundamos, lo pasamos bien y compartimos bromas, pero se trata de un equipo de trabajo que ha desarrollado sinergias compartidas de alto valor volcado en la consecución de objetivos.

En este segundo “asalto” nos las hemos tenido que ver con el tortuoso binomio debe-haber de la contabilidad empresarial. Para hacer más accesible el concepto, me refugié en sus analogías con las relaciones humanas. En cómo evaluamos y calificamos a los demás por los déficits o superhábits que atribuimos a su comportamiento y al intercambio mutuo. Se trata de una valoración que fluctúa en el tiempo, en función de los méritos o deméritos que atribuimos a los demás, así como de nuestra mesura para juzgar la importancia real o la intencionalidad de los hechos. 

Con más frecuencia de la aconsejable,

jueves, 12 de marzo de 2015

Un momentito, por favor.


¡Menudo circo! La semana pasada me topé con un listo que pretendía aparcar sobre la acera, sin la menor consideración hacia los derechos de los peatones. Pero es que el otro día me di de bruces con una miope que no veía más allá de su nariz. Y no me refiero a falta de vista, sino a cortedad de miras.

Resultado de imagen de un momento por favorCamino de casa después del trabajo, me detuve en el super a realizar un avituallamiento de emergencia para la cena. Al llegar a la línea de caja, me ubiqué en la cola que me pareció más corta y me dispuse a aguardar mi turno. A medida que se prolongaba la espera, mi sorpresa e impaciencia se incrementaban exponencialmente mirando asombrado a la persona que pasaba los artículos por el lector de códigos.

martes, 3 de marzo de 2015

Ya, ya.

Simple Handshake Clip Art

¡Todavía no salgo de mi asombro! Hace unos días, al llegar a casa tras finalizar la jornada laboral, un coche maniobraba para aparcar y subió a la acera ocupando todo su ancho. Como no retornaba a la calzada, le hice señas para ayudarle a terminar la maniobra pero, para mi sorpresa, el conductor paró el motor y se bajó. Al indicarle que estaba bloqueando el paso de la acera, por toda respuesta, me obsequió con un elocuente “ya, ya”.

Me quedé perplejo, casi paralizado, preguntándome si no había sabido expresarle la situación correctamente o si el individuo no concedía a la circunstancia mayor importancia. Aposté por la primera posibilidad, otorgándole el beneficio de la duda, y opté por aportar un nuevo argumento al debate, ya que mi interlocutor comenzaba a alejarse del coche recién “aparcado”. Puesto que el derecho de los peatones a utilizar la acera no parecía suficiente razón para dejar el paso expedito, aventuré que si pasaba alguien con un carrito de niños o en silla de ruedas vería interrumpido su camino.

A lo que replicó, no sin razón,

martes, 17 de febrero de 2015

¿Me lo repite, por favor?

Juan Fco. Martín.

Posiblemente, si preguntásemos quién es el portero más famoso del país, seguramente no sería Iker, sino Emilio. ¿De qué equipo? Pues el de aquella loca comunidad de vecinos que tan buenos ratos nos hizo pasar frente al televisor, con sus magistrales y absurdas peripecias, arrancándonos carcajadas sin tregua. Como denominador común de las juntas, las conversaciones paralelas de temas tan dispares como peregrinos, lo mismo que discusiones sin sentido, fruto de confusiones y malentendidos, además de agendas ocultas totalmente ajenas al orden del día.

Lo mismo que aquella dorada época del cine español, con el gran Berlanga al frente y sus hilarantes historias, donde los personajes urdían las tramas más disparatadas en un continuo devenir de despropósitos, casi siempre alrededor de la picaresca y del “¿qué hay de lo mío?”

Precisamente la semana pasada

lunes, 26 de enero de 2015

Tomando café.

Juan Fco. Martín.

El otro día me tocó realizar gestiones en la administración pública. Acudí con cierto resquemor, ya que, habitualmente, significa largas esperas, cada vez más. Y no fue una excepción.

Calculadamente, me presenté a las 8:15, por aquello de buscar un equilibrio entre no retrasarme en mi trabajo y tampoco herir sensibilidades a quien pudiera parecerle temprana la hora. El caso es que la primera sorpresa desagradable fue que atendían a partir de las 9:00. ¡Como si los demás no tuviésemos derecho a planificar ordenadamente la jornada! Con resignación me dispuse a esperar pacientemente, lo que me dio la oportunidad de elaborar una hipótesis sobre la tardía hora de inicio de la atención.

Basándome en el contrastado método de la observación, tan longevo como la humanidad (también conocido como cotilleo o golizneo), constaté

domingo, 18 de enero de 2015

Aprender a aprender.


Juan Fco. Martín.

Bien dicen que los niños son como esponjas porque lo absorben todo. Y no me refiero a la etapa oral en la que descubren el sabor del mundo llevándose todo tipo de objetos a la boca, sino a su asombrosa capacidad de aprendizaje. Cada nueva situación supone una excelente oportunidad de conocer cómo funciona ese mundo, de adquirir estrategias de éxito y descartar comportamientos ineficaces.

Las teorías del aprendizaje también nos dicen que los adultos tenemos una atención y memoria selectivas, orientadas hacia aquello que nos interesa o nos resulta de utilidad. Visto lo visto, a veces creo que se trata de un deterioro de las habilidades infantiles y que vamos mermando, o limitando, nuestro desarrollo cognitivo por comodidad o tozudez.

Dejando a un lado las teorías personales fruto de la pérdida de la ingenuidad y entusiasmo infantiles, hemos “optimizado” el mecanismo para aprender lo que nos conviene, aunque no siempre sea lo adecuado. Y si no, ¿a cuenta de que viene el dicho de que las personas somos el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, por no decir dos mil?

Me explico. ¿Cuántas veces metemos la pata en la mera comunicación diaria con los demás? ¿Cuántas veces decimos alguna inconveniencia? ¿Cuántas veces ofendemos a los otros, aún sin pretenderlo, por no tener el suficiente tacto con sus opiniones y sentimientos? Lo peor de todo es que, en muchas ocasiones, ni siquiera somos conscientes, de tan centrados que estamos en nuestro propio ombligo.

Posiblemente por comodidad, nos aferramos a las cuatro reglas básicas que nos ubican con comodidad en nuestro entorno, descartando otras posibilidades o, simplemente, no molestándonos en considerarlas.

Y el caso es que no parece que hagamos mucho mejorar. Nos limitamos a pensar o decir que no nos dimos cuenta, que no tuvimos intención de causar daño o, incluso, justificaciones peregrinas alusivas a la imperiosa necesidad de aclarar determinado asunto. Así somos, más burros que los burros, con todo respeto a los cuadrúpedos, que nada tienen que ver con nuestras burradas.

La comunicación eficaz está en la raíz del progreso de las civilizaciones en todos sus órdenes: social, político, económico, laboral… Y las bases se ubican en las interacciones personales más elementales. Una vez más me refiero a la tan manida y poco explotada Inteligencia Emocional.

Comunicar, interaccionar por mejor decir, adecuadamente es el primer paso del éxitoHoy quisiera referirme particularmente a la empatía, eso que todos sabemos definir rápidamente, aunque no tengamos ni idea de lo que realmente significa ni de cómo ponerla en práctica con provecho.

La empatía representa la conexión emocional con la otra persona, implica dar la vuelta al cristal con el que miramos la situación para verla como lo hace nuestro interlocutor. Y no es fácil. Muchas veces hay intereses contrapuestos o, sencillamente, nos cegamos asumiendo que las cosas son como nosotros las interpretamos cuando, en realidad, son poliédricas, con tantas aristas como puntos de vista existan, todos igual de válidos.

Por ello, al interactuar con otras personas, seamos generosos. Demos crédito a sus razonamientos, con independencia de que no coincidan con los nuestros. No es necesario establecer una competición a ver quién tiene razón, posiblemente ambos.

Seamos inteligentes, acojamos la multidimensonalidad con los brazos abiertos y despleguemos las orejas a ver si enriquecemos nuestro, cada vez más rígido y acotado universo. Seguro que nos aportará aprendizajes de valor y nuevas e interesantes perspectivas con posibilidades insospechadas.

¡Qué diantres! Seamos valientes y recuperemos aquellas felices sensaciones infantiles de descubrir cada día el mundo que nos rodea, sólo con cambiar la forma de mirarlo.



Gracias por compartir y que tengas un estupendo día.


domingo, 11 de enero de 2015

Con mucho gusto... también en Navidad.

Juan Fco. Martín.

Una vez más, la ruleta de la vida nos lleva a la casilla de salida de un nuevo año. Atrás quedan esas tres semanas especiales que denominamos Navidad y nos sumergimos de nuevo en la rutina. Siempre me han gustado las navidades. No creo que la alegría e ilusión sea exclusiva de los niños. Posiblemente, sea un tópico al que recurrimos para enmascarar nuestras reminiscencias infantiles. En cualquier caso, las considero una excelente ocasión, excusa si lo prefieren, para la cordialidad, las bromas, exteriorizar sentimientos, compartir momentos con amigos y familia o atracarnos de todo lo que sube el colesterol y los triglicéridos.

A eso añado la espectacular escenografía, conformada por luces, decoraciones, villancicos, cabalgatas y todas las manifestaciones que las acompañan. Aunque es una locura, todos nos vemos inmersos en la vorágine de las compras compulsivas, ya sea porque hay que regalar o porque nos apetece, y todos despotricamos una vez más por lo mismo.

Aprovechando las vacaciones de los niños, o motivadas por ello, muchos disfrutan también de unos días de descanso. Hay quienes salen de viaje o quienes, simplemente, prefieren dedicar esos días a descansar y a las referidas compras navideñas.

Sin embargo, muchos otros no tienen esa suerte o esa posibilidad. Particularmente, quiero referirme a quienes no tienen trabajo y a aquellos que no les queda más remedio que trabajar en estas fechas. Respecto a los primeros, siempre incluyo

domingo, 28 de diciembre de 2014

Parece que fue ayer.

Juan Fco. Martín.

Hace escasas semanas que se celebró la final de la segunda edición de un conocido concurso televisivo de cocina con gran éxito de audiencia. Debo confesar que me cogió fuera de juego, sorprendido por lo reciente que me había parecido el desenlace de la primera entrega. Claro que, apenas unos meses atrás, me asombraba lo rápido que han pasado los años desde la “movida madrileña”, tras ver también un programa dedicado al evento. Y así, casi sin darnos cuenta, se nos va pasando la vida.

El transcurrir del tiempo es inevitable. Querer parar el reloj es lo mismo que intentar retener el agua entre los dedos. Lo que sí podemos hacer es aprovecharlo y disfrutarlo. Ello no implica necesariamente mantenerse atareados en todo momento, con cuatro o cinco calderos al fuego a la vez, puesto que, posiblemente, terminará quemándose la comida. Igual de válido es estudiar, leer, ver la televisión, dormir o charlar. Se trata de hacer lo adecuado en cada momento y, sobre todo, intentar pasarlo bien.

Efectivamente, por escasa que sea la disponibilidad que tengamos, propongámonos disfrutar de las actividades que nos ocupen y hacer lo que nos gusta siempre sea posible. En lugar de quejarnos de lo poco que podemos atender, busquemos la forma para que sean momentos de calidad. Esos que dejan la buena sensación de haberlos aprovechado, una impronta de bienestar. No siempre serán divertidos, pero igual de válida es la satisfacción que queda cuando acometemos aquello que sentimos que es nuestra responsabilidad.

Lo mismo reza en el ámbito familiar o social. Seamos conscientes de compartir buenos momentos, que merezcan la pena. Esos que, al final del día y con el paso de los mismos, recordamos con agrado. Es cierto que siempre, o casi, hay un mañana donde resolver o enmendar cuestiones pendientes pero, ¿para qué esperar a mañana? Mejor disfrutar del hoy y del mañana que perder esos momentos.

De igual forma que ocurre con las aficiones y las relaciones personales, el ámbito laboral

domingo, 21 de diciembre de 2014

Adelante, equipo.



Juan Fco. Martín.

La semana pasada finalizó el primer trimestre de una formación que me trae de cabeza por lo densa y exigente que está resultando. Seguro que también influye la pérdida del hábito de realizar cursos largos y la necesaria atención a las obligaciones laborales. De cualquier modo, además de auténtico martirio, la experiencia está siendo realmente positiva y de gran utilidad profesional, con aplicación práctica al trabajo. Pero, más allá del valor instrumental, me gustaría resaltar el profundo trasfondo humano, realmente conmovedor.

Me recordó a un reportaje sobre la construcción de las Pirámides de Egipto, que narraba la formación de dos grandes grupos de 1000 obreros cada uno, que se llamaban a sí mismos los Amigos de Ursu y los Ladrones de Ursu. La creación de estas gigantescas unidades productivas perseguía incrementar los resultados mediante la motivación como  palanca diferencial. La creación de la identidad propia de equipo proporciona el empuje para compartir los objetivos y generar los esfuerzos para alcanzarlos, fortaleciendo la cohesión interna, la cooperación y el orgullo de pertenencia.

El caso es que la cosa empezó dos meses atrás,

jueves, 27 de noviembre de 2014

Yo gano, tu ganas.

Juan Fco. Martín.

Siempre se ha dicho que sólo Dios tiene el don de la ubicuidad, la facultad de estar en todos los sitios simultáneamente. Hasta que apareció el Pequeño Nicolás, y esto es un hecho, no una cuestión de fe. Qué barbaridad. Este chico, con sólo 20 años, ha demostrado fehacientemente su omnipresencia en todo tipo de eventos políticos y sociales de primer orden. Había desaparecido de la escena pública desde que tuvimos conocimiento de su existencia, pero reapareció la semana pasada en un plató televisivo para contar su versión de la historia.

Me quedé atónito escuchándole revelar su colaboración con el CNI, la Casa Real o diversos ministerios, entre ellos Economía y Presidencia, además de otras instituciones. Nada menos que, según dijo, intermediaba en la resolución de situaciones comprometidas, sensibles, para la seguridad nacional o de carácter particularmente delicado (caso Pujol, Urdangarin, Eurovegas…) Ahí es nada. Si todo esto es cierto o no, está por demostrar y supongo que ya aparecerán nuevas entregas del culebrón. Al final va a resultar que tenemos nuestro agente 007 nacional, cuyas aventuras seguro que podremos disfrutar en la próxima entrega de Torrente. Y si no, al tiempo.

Lo que sí es irrefutable son las fotos con numerosas personalidades, con las que de algo hablaría, digo yo. Más allá de la solución del rompecabezas, el asunto me hizo reflexionar que, la mera presencia en tantos actos y con tantos famosos, le conceden, al menos, una manifiesta habilidad para las relaciones sociales. Si, como dice, mediaba en asuntos de naturaleza “reservada”, más me admiro con su capacidad como interlocutor.

Y esto no es tarea fácil. Dejando al margen la degeneración que han sufrido las negociaciones actuales, donde los “conseguidores” se dedican a “untar” a unos con el dinero turbio de otros, la auténtica mediación es una capacidad muy valiosa y no al alcance de cualquiera.

Como poco, requiere


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Marcando el rumbo.

Juan Fco. Martín.

Algunos, cada vez menos, recordarán a la entrañable familia Ingalls, protagonista de la serie televisiva La Casa dela Pradera. En la época de la televisión única, reunía a toda la familia en la sobremesa del domingo para compartir las peripecias de sus personajes.

Igual que el agua se escurre entre los dedos, en mi memoria apenas permanece la esencia de una familia humilde y honrada, que afrontaba vicisitudes de todo tipo desde la más férrea unidad. Tal era su honradez que me quedó grabada la competición de cortar troncos con hacha, donde el padre (Michael Landon), en lugar de ayudarse de la herramienta recién comprada, utilizó su vieja hacha para compensar la ventaja de su juventud frente a otro competidor de mayor edad. Y perdió, pero se mantuvo fiel a sus convicciones y nos emocionó con su integridad.

Lo cierto es que La Casa de la Pradera reforzaba la adhesión a los valores fundamentales que nos transmitían nuestros mayores.

martes, 11 de noviembre de 2014

Buscando a Nemo.

Juan Fco. Martín.

Qué malo es tener memoria de pez. Peor aún, un desastre. No ya olvidar eventos de hace tres meses o tres semanas, incluso, de los tres últimos días. Es frustrante no recordar tareas pendientes o informaciones de cualquier tipo. Por no hablar de asuntos programados o con plazos. Entonces ya es la caraba. ¿Y lo rojo que se queda uno cuando se difuminan conversaciones o acuerdos? Es realmente embarazoso, por no decir bochornoso. Incluso podría transmitirse la imagen de tomarse las cosas a la ligera o irresponsablemente. Vamos, todo un papelón.

Tener que retomar cuestiones resueltas previamente o volver a aprender procedimientos ya superados requiere un sobreesfuerzo y tiempo extra, a veces exasperante, nada compatibles con la productividad, por decirlo suavemente. ¿Tendrá que ver, seguro que también, el normal deterioro fisiológico que acompaña al envejecimiento neuronal?, ¿será un deficiente proceso de aprendizaje para consolidar la información en la memoria?

Como quiera que sea, no es cuestión de rendirse o conformarse; al contrario, hay que ponerse el mono de faena y al tajo. Dejando de lado los populares ejercicios de entrenamiento neuronal y los complejos vitamínicos (estoy seguro de que no hacen daño y que también ayudan), me limitaré a sugerir los remedios de toda la vida: la eterna agenda, el bloc de notas y el incombustible listín telefónico. Combinados son infalibles; se tiene toda la información ubicada en el tiempo y el espacio, y los números de teléfonos siempre a mano.

Quizá algunos, posiblemente no los más jóvenes, se vean reflejados en aquellas agendas que tenían múltiples secciones, además de las tres reseñadas, para llevar los temas al día perfectamente organizados. Eran tan prácticas que nos evitaban el engorro de volver a copiar los números de teléfono cada vez que cambiábamos de agenda, incorporando listines extraíbles, . Pero la repera fueron

jueves, 6 de noviembre de 2014

Superman no, gracias.




De pequeño, el concurso estrella en televisión era Un dos tres, responda otra vez. Además de entretenido, también era muy pedagógico, con una primera parte de preguntas que siempre empezaban con la entradilla Por 25 pesetas, diga… Una de esas preguntas bien podría haber sido enumerar platos que pueden prepararse con huevos y papas. Por ejemplo, huevos estrellados, tortilla española, papas fritas con huevos fritos, papas guisadas con huevos duros… y así con todas las posibles combinaciones que se nos ocurran.

Como vemos, con los mismos ingredientes básicos, los resultados pueden ser muy diferentes. Es más, por seguir con el ejemplo, ni siquiera será la misma tortilla con el doble de papas que de huevos o viceversa. Todas las combinaciones son válidas, aunque sólo idóneas si coinciden con nuestras preferencias en cada momento.

Algo similar sucede con el encaje de nuestras capacidades

miércoles, 29 de octubre de 2014

Una de camarones.




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Juan Fco. Martín.

La semana pasada tocó una nueva edición del clásico entre los máximos rivales de la Liga española, esta vez en el Santiago Bernabeu. Contra pronóstico, y contracorriente, el Madrid se alzó con el triunfo, con un contundente 3-1. A mi juicio, y seguro que me equivoco porque en fútbol, como en toros y en política, todo es opinable, fue un resultado justo.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Toca afilar tijeras.




No hace mucho vi un reportaje en televisión sobre dos hermanos de la localidad grancanaria de Tunte que, tras finalizar el, entonces obligatorio, servicio militar, abrieron una peluquería en el pueblo. Desde entonces, se han ocupado del corte y acicalado de cabellos y barbas de sus convecinos, hombres y mujeres. Creo recordar que regentan el único establecimiento del lugar dedicado a tal menester. Por cierto, los hermanos en cuestión tienen 80 y 84 años respectivamente, y continúan en activo después de 60 años en la profesión.

Ese curioso dato contrasta, cuando menos, con el deseo de muchos de jubilarse, incluso antes de la edad reglamentaria, para disfrutar de la llamada tercera edad. ¿Será que los hermanos de Tunte aún no han alcanzado dicha edad? ¿Será que, de hecho, disfrutan con lo que hacen? ¿Será que hay quienes no disfrutan de su día a día y esperan al dorado retiro para empezar a hacerlo? Como quiera que sea, los barberos de Tunte constituyen todo un ejemplo de vitalidad y dedicación al trabajo.

Más allá de la anécdota y del reconocimiento y admiración que merecen los personajes, cabría preguntarse cómo