Tener que retomar cuestiones resueltas
previamente o volver a aprender procedimientos ya superados requiere un
sobreesfuerzo y tiempo extra, a veces exasperante, nada compatibles con la
productividad, por decirlo suavemente. ¿Tendrá que ver, seguro que también, el normal
deterioro fisiológico que acompaña al envejecimiento neuronal?, ¿será un
deficiente proceso de aprendizaje para consolidar la información en la memoria?
Como quiera que sea, no es cuestión
de rendirse o conformarse; al contrario, hay que ponerse el mono de faena y al
tajo. Dejando de lado los populares ejercicios de entrenamiento neuronal y los
complejos vitamínicos (estoy seguro de que no hacen daño y que también ayudan),
me limitaré a sugerir los remedios de toda la vida: la eterna agenda, el bloc
de notas y el incombustible listín telefónico. Combinados son infalibles; se
tiene toda la información ubicada en el tiempo y el espacio, y los
números de teléfonos siempre a mano.
Quizá algunos, posiblemente no los
más jóvenes, se vean reflejados en aquellas agendas que tenían múltiples secciones,
además de las tres reseñadas, para llevar los temas al día perfectamente
organizados. Eran tan prácticas que nos evitaban el engorro de volver a copiar
los números de teléfono cada vez que cambiábamos de agenda, incorporando listines extraíbles, . Pero la repera fueron