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martes, 3 de marzo de 2015

Ya, ya.

Simple Handshake Clip Art

¡Todavía no salgo de mi asombro! Hace unos días, al llegar a casa tras finalizar la jornada laboral, un coche maniobraba para aparcar y subió a la acera ocupando todo su ancho. Como no retornaba a la calzada, le hice señas para ayudarle a terminar la maniobra pero, para mi sorpresa, el conductor paró el motor y se bajó. Al indicarle que estaba bloqueando el paso de la acera, por toda respuesta, me obsequió con un elocuente “ya, ya”.

Me quedé perplejo, casi paralizado, preguntándome si no había sabido expresarle la situación correctamente o si el individuo no concedía a la circunstancia mayor importancia. Aposté por la primera posibilidad, otorgándole el beneficio de la duda, y opté por aportar un nuevo argumento al debate, ya que mi interlocutor comenzaba a alejarse del coche recién “aparcado”. Puesto que el derecho de los peatones a utilizar la acera no parecía suficiente razón para dejar el paso expedito, aventuré que si pasaba alguien con un carrito de niños o en silla de ruedas vería interrumpido su camino.

A lo que replicó, no sin razón,

martes, 17 de febrero de 2015

¿Me lo repite, por favor?

Juan Fco. Martín.

Posiblemente, si preguntásemos quién es el portero más famoso del país, seguramente no sería Iker, sino Emilio. ¿De qué equipo? Pues el de aquella loca comunidad de vecinos que tan buenos ratos nos hizo pasar frente al televisor, con sus magistrales y absurdas peripecias, arrancándonos carcajadas sin tregua. Como denominador común de las juntas, las conversaciones paralelas de temas tan dispares como peregrinos, lo mismo que discusiones sin sentido, fruto de confusiones y malentendidos, además de agendas ocultas totalmente ajenas al orden del día.

Lo mismo que aquella dorada época del cine español, con el gran Berlanga al frente y sus hilarantes historias, donde los personajes urdían las tramas más disparatadas en un continuo devenir de despropósitos, casi siempre alrededor de la picaresca y del “¿qué hay de lo mío?”

Precisamente la semana pasada

domingo, 18 de enero de 2015

Aprender a aprender.


Juan Fco. Martín.

Bien dicen que los niños son como esponjas porque lo absorben todo. Y no me refiero a la etapa oral en la que descubren el sabor del mundo llevándose todo tipo de objetos a la boca, sino a su asombrosa capacidad de aprendizaje. Cada nueva situación supone una excelente oportunidad de conocer cómo funciona ese mundo, de adquirir estrategias de éxito y descartar comportamientos ineficaces.

Las teorías del aprendizaje también nos dicen que los adultos tenemos una atención y memoria selectivas, orientadas hacia aquello que nos interesa o nos resulta de utilidad. Visto lo visto, a veces creo que se trata de un deterioro de las habilidades infantiles y que vamos mermando, o limitando, nuestro desarrollo cognitivo por comodidad o tozudez.

Dejando a un lado las teorías personales fruto de la pérdida de la ingenuidad y entusiasmo infantiles, hemos “optimizado” el mecanismo para aprender lo que nos conviene, aunque no siempre sea lo adecuado. Y si no, ¿a cuenta de que viene el dicho de que las personas somos el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, por no decir dos mil?

Me explico. ¿Cuántas veces metemos la pata en la mera comunicación diaria con los demás? ¿Cuántas veces decimos alguna inconveniencia? ¿Cuántas veces ofendemos a los otros, aún sin pretenderlo, por no tener el suficiente tacto con sus opiniones y sentimientos? Lo peor de todo es que, en muchas ocasiones, ni siquiera somos conscientes, de tan centrados que estamos en nuestro propio ombligo.

Posiblemente por comodidad, nos aferramos a las cuatro reglas básicas que nos ubican con comodidad en nuestro entorno, descartando otras posibilidades o, simplemente, no molestándonos en considerarlas.

Y el caso es que no parece que hagamos mucho mejorar. Nos limitamos a pensar o decir que no nos dimos cuenta, que no tuvimos intención de causar daño o, incluso, justificaciones peregrinas alusivas a la imperiosa necesidad de aclarar determinado asunto. Así somos, más burros que los burros, con todo respeto a los cuadrúpedos, que nada tienen que ver con nuestras burradas.

La comunicación eficaz está en la raíz del progreso de las civilizaciones en todos sus órdenes: social, político, económico, laboral… Y las bases se ubican en las interacciones personales más elementales. Una vez más me refiero a la tan manida y poco explotada Inteligencia Emocional.

Comunicar, interaccionar por mejor decir, adecuadamente es el primer paso del éxitoHoy quisiera referirme particularmente a la empatía, eso que todos sabemos definir rápidamente, aunque no tengamos ni idea de lo que realmente significa ni de cómo ponerla en práctica con provecho.

La empatía representa la conexión emocional con la otra persona, implica dar la vuelta al cristal con el que miramos la situación para verla como lo hace nuestro interlocutor. Y no es fácil. Muchas veces hay intereses contrapuestos o, sencillamente, nos cegamos asumiendo que las cosas son como nosotros las interpretamos cuando, en realidad, son poliédricas, con tantas aristas como puntos de vista existan, todos igual de válidos.

Por ello, al interactuar con otras personas, seamos generosos. Demos crédito a sus razonamientos, con independencia de que no coincidan con los nuestros. No es necesario establecer una competición a ver quién tiene razón, posiblemente ambos.

Seamos inteligentes, acojamos la multidimensonalidad con los brazos abiertos y despleguemos las orejas a ver si enriquecemos nuestro, cada vez más rígido y acotado universo. Seguro que nos aportará aprendizajes de valor y nuevas e interesantes perspectivas con posibilidades insospechadas.

¡Qué diantres! Seamos valientes y recuperemos aquellas felices sensaciones infantiles de descubrir cada día el mundo que nos rodea, sólo con cambiar la forma de mirarlo.



Gracias por compartir y que tengas un estupendo día.


martes, 30 de septiembre de 2014

¿Corazones o picas?


Hay series televisivas que siempre vienen muy a mano para pasar un rato desenfadado y divertido, como Frasier, Seinfeld, Aquí no hay quien viva o The Big Bang Theory. Pero también brindan una excelente oportunidad para reflexionar sobre la diversidad y complejidad del comportamiento humano. Por ejemplo, esta última, al tiempo que lleva al límite las extravagancias de los protagonistas, rindiendo un homenaje al universo friki, también representa una excelente oportunidad para caracterizar estereotipos de conducta presentes en la sociedad.

Hoy me gustaría dedicar estas líneas a los personajes de Sheldom y Penny.  Más allá de las evidentes diferencias estéticas (aunque siempre habrá preferencias para cada gusto), podríamos decir que ambos están en las antípodas en cuanto a su percepción y estrategias de interacción con el mundo que les rodea.

Sheldom es un brillante doctor en física, a la vanguardia de la investigación sobe la Teoría de Cuerdas, a la vez que también es una base de datos viviente de todo tipo de información. Su privilegiado cerebro da continuas muestras, con creces, de sus extraordinarios conocimientos y razonamientos sobre el funcionamiento de las cosas. Vive en un mundo psicológico y físico perfectamente ordenado, donde todo tiene sentido y explicación, siendo predecible y confortable. Basa sus decisiones en el análisis racional, sopesando pros y contras, seleccionando la mejor opción conforme a parámetros objetivos.

Por su parte, Penny, eterna aspirante a actriz, se gana la vida como camarera, sin aparentes perspectivas de mejora laboral o económica. Carece de inquietudes intelectuales, siempre anda corta de recursos, vive en medio del caos, sin orden alguno, tanto en su apartamento como en su vida, a golpe de improvisación y sin más horizonte que gestionar el día a día según se presente. Es impulsiva, pasional, arrastrada por su instinto y emociones, sin pararse en proyecciones de posibles pérdidas o ganancias.

Hasta aquí la lectura fácil de los hechos. Igualmente, cabe añadir que

jueves, 3 de julio de 2014

Incomunicación.



Juan Fco. Martín.

Las tertulias, radiofónicas o televisivas, procuran mucha información y, sobre todo, análisis y opinión sobre la convulsa y compleja actualidad que vivimos. Las diversas aportaciones de los intervinientes permiten una "fotografía" más completa de la situación, ampliando los puntos de vista parciales o interesados de partidos políticos y de los protagonistas de la noticia.

Cuando se "calienta" el debate, los contertulios suelen "pisarse" las intervenciones unos a otros, interrumpiéndose sin esperar a escuchar los razonamientos de los compañeros, difuminándose la argumentación. Quizás la expresión más radical podemos verla en los realities sobre el "famoseo" que, más bien, parecen concursos sobre quien dice más barbaridades y grita más alto.

Aunque el ejemplo más clásico de esta comunicación deficiente se manifiesta en las discusiones, cualquier conversación puede terminar convirtiéndose en monólogo cuando nos desentendemos de las explicaciones o los puntos de vista ajenos. No sólo en el ámbito privado, también en cualquiera otro como el profesional.

Siempre me sorprendió, por no decir asombró, cómo en las entrevistas de selección los jefes de departamento hablaban más que los candidatos a los que estaban evaluando.El guión se repetía una y otra vez. Tras unas preguntas iniciales,

martes, 17 de junio de 2014

Sostenella y no enmedalla.

Juan Fco. Martín.

Una de las primeras series televisivas americanas en formato moderno que arrasaron en nuestro país fue Dallas, protagonizada por el malo malísimo JR y el bueno de Bobby. Tras ella, mitos como Falcon Crest, Melrose Place, Sensación de Vivir y así un largo y creciente etcétera hasta la fecha. Algo que comparten las series son los innumerables líos que surgen en cada episodio, con malentendidos a mansalva, terminando todos enfrentados. Para colmo, en medio de tanto lío todo son broncas, con una escalada de agresividad verbal que prende como la gasolina en un incendio, alejando las posturas y dificultando el entendimiento. Confieso que no comprendía por qué no resolvían las cosas en el momento, con lo fácil que parecía explicar y aclarar las confusiones.

Aunque las series son ficción y exageran personajes y situaciones, lamentablemente, este esquema se reproduce en la realidad diaria, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Hay personas que optan por la confrontación en lugar de por el diálogo. En ocasiones se trata de la incapacidad, o falta de habilidad, para frenar el deterioro de la situación y evitar el enfrentamiento, o para revertirla En otras, la cabezonería, el pulso, la obsesión por salirse con la suya, por imponerse a cualquier precio.

Por si fuera poco, el problema se acrecienta cuando

martes, 25 de marzo de 2014

¿Compartimos tarta?

Pink Cake Clip ArtJuan Fco. Martín.

Antes de la implantación de los centros comerciales y de las grandes cadenas, acudíamos a comprar los productos electrónicos a "los indios", como se conocía popularmente a los comercios regentados por la comunidad hindú, de sólida implantación en la sociedad canaria.

En aquella época, el regateo era práctica habitual para fijar el precio final de venta. Se establecía un pequeño "toma y daca" que solía terminar en un punto de encuentro aceptable para ambas partes. Para el comprador porque tenía la satisfacción de haber mejorado el precio gracias a su sagacidad y habilidad. Para el vendedor porque, sencillamente, superaba el beneficio mínimo marcado para el producto vendido.

En realidad, el resultado final de la negociación podía tener una amplia variabilidad, dependiendo de diversos factores, además del margen mínimo del vendedor. Fundamentalmente:

lunes, 10 de marzo de 2014

Say what?


Transitar por travesías de montaña ofrece extraordinarios paisajes, que se ven completamente diferentes en función del sentido de la marcha, ascendente o descendente. Mientras que al subir vemos la cima o el puerto que la corona y el cielo, bajar ofrece una panorámica que se extiende hasta el fondo del valle y más allá. También si nos situamos al pie o en la azotea de un edificio alto las vistas son radicalmente diferentes, a pesar de tratarse de un mismo lugar.

Un único hecho puede tener significados radicalmente distintos en función de la “óptica” desde la que se ve. Por poner un ejemplo básico, las diferencias entre jueces en competiciones deportivas o en concursos. Se trata de diferencias debidas a la apreciación personal, a pesar de compartir los mismos criterios de valoración.


martes, 4 de marzo de 2014

Obediencia debida


Army Veteran Clip Art
Juan Fco. Martín.

En 1963 Stanley Milgram publicó un histórico artículo sobre el acatamiento de la autoridad, titulado Estudio del comportamiento de la obediencia.


Básicamente, en una situación experimental, los participantes administraban (así se les explicó) una serie de choques eléctricos a unos supuestos compañeros, en realidad cómplices de la investigación, si se equivocaban en sus respuestas a una prueba de conocimientos. Al recibir los choques eléctricos (que eran ficticios), los "compañeros" gritaban de dolor y cuando los participantes manifestaban dudas sobre continuar haciéndolo, el investigador jefe les ordenaba seguir. Ningún participante se negó rotundamente a aplicar más descargas antes de alcanzar los 300 voltios.  El 65% llegó a "administrar" descargas de 450 voltios siguiendo estas instrucciones, a pesar de los gritos de dolor de sus compañeros.

Aunque esto ocurrió hace más de 50 años, en 2009 un concurso televisivo de la televisión francesa llamado "El juego de la muerte" reprodujo una situación similar, incrementándose la tasa de obediencia al 81%.

Salvando las diferencias, recientemente se han producido dos incidentes en relación a este tópico que dan mucho que pensar:

miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Burro grande o pequeño?

Silly Donkey Clip Art 
¿Qué será mejor, burro grande o pequeño?, ¿maña o fuerza?, ¿ingenio o perseverancia?, ¿madrugar o esperar?, ¿ladrillos o bits?... Si nos atenemos a lo de “pez grande se come al chico”, haciendo buena la ley del más fuerte, parecería más adecuado apuntarse a la robustez, a la seguridad de lo sólido y contundente.

Sin embargo, como habrás concluido, todo depende de las circunstancias de cada caso. Según el tipo de juego, mandarán ases, doses, treses, sietes o lo que sea. Lo que sí es seguro es que siempre servirán los comodines, ya que tienen la virtud de sustituir a cualquier carta y ser de utilidad en cualquier jugada.

En la vida, y en el mundo laboral, probablemente esta sea la mejor cualidad o la competencia mejor valorada. Saber adaptarse a cada situación, circunstancia o persona es apostar a caballo ganador. La capacidad de tornar los cambios en oportunidades, la proactividad para buscar soluciones o sacar provecho de nuevos escenarios garantizan el éxito personal y profesional.