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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Nadando contra corriente.


Quizás uno de los descubrimientos literarios más divertidos que he disfrutado fue La conjura de los necios, del malogrado John Kennedy Tool, hace ya un puñado de años. Zambullirse en el mundo de Ignatius J. Reilly supuso una sucesión de hilarantes y magníficos ratos leyendo y recordando sus aventuras y desventuras.

Aquél entrañable personaje vivía una realidad propia con una lógica palmaria y razonamientos demoledores perfectamente urdidos. Claro que sólo cobraban sentido para él, alejándose de toda argumentación convencional. Era como si cambiase la perspectiva consensuada socialmente de las cosas, tornándola en otra totalmente personal, regida por su punto de vista único. Una versión moderna del personaje podría encontrarse en Sheldon Cooper, protagonista de la serie televisiva The Big Bang Theory. Ambos caracteres son brillantes, a la vez que tremendamente, infantiles y egoístas, sin la menor habilidad, ni preocupación, hacia la armonía de las relaciones con el resto de los mortales. De hecho, las personas con las que se relacionan son meros instrumentos para conseguir sus fines. No obra en ellos malicia o animadversión; sencillamente, esa forma sui generis de entender el mundo, condiciona también su percepción de las relaciones sociales.

Es más que posible que ni siquiera

martes, 17 de junio de 2014

Sostenella y no enmedalla.

Juan Fco. Martín.

Una de las primeras series televisivas americanas en formato moderno que arrasaron en nuestro país fue Dallas, protagonizada por el malo malísimo JR y el bueno de Bobby. Tras ella, mitos como Falcon Crest, Melrose Place, Sensación de Vivir y así un largo y creciente etcétera hasta la fecha. Algo que comparten las series son los innumerables líos que surgen en cada episodio, con malentendidos a mansalva, terminando todos enfrentados. Para colmo, en medio de tanto lío todo son broncas, con una escalada de agresividad verbal que prende como la gasolina en un incendio, alejando las posturas y dificultando el entendimiento. Confieso que no comprendía por qué no resolvían las cosas en el momento, con lo fácil que parecía explicar y aclarar las confusiones.

Aunque las series son ficción y exageran personajes y situaciones, lamentablemente, este esquema se reproduce en la realidad diaria, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Hay personas que optan por la confrontación en lugar de por el diálogo. En ocasiones se trata de la incapacidad, o falta de habilidad, para frenar el deterioro de la situación y evitar el enfrentamiento, o para revertirla En otras, la cabezonería, el pulso, la obsesión por salirse con la suya, por imponerse a cualquier precio.

Por si fuera poco, el problema se acrecienta cuando