No cabe duda de que la literatura, el cine y la televisión
constituyen fuentes inagotables sobre la variopinta y complicada naturaleza
humana. Tras sendas reflexiones sobre el mundo sui
generis de Ignatius Reily y los dilemas existenciales de Sheldom
Cooper, considero de gran valor pedagógico dedicar unas líneas al irreverente Hank Moody. Es posible que el mero nombre no
diga gran cosa (o quizás sí), pero añadir que es el protagonista de la popular serie
televisiva Californication, seguro
que facilitará las cosas.
Sin entrar a valorar la abundante profusión de sexo y drogas presente en
cada capítulo para evitar serios dilemas
morales, las disparatadas peripecias de este peculiar personaje y de la pandilla que
le rodea, son realmente desternillantes. Pensándolo bien, ¿a quién no le
gustaría convertirse en Hank Moody por un día? Según se mire, podría considerarse
un símbolo del éxito. Cae bien a todo el mundo, es el centro de atención, todos le
quieren como amigo, es atractivo, amable, cariñoso, guionista y escritor
afamado, las mujeres se disputan sus atenciones, hace lo que le da la gana…
¿qué más se puede pedir?
Posiblemente, todos
conocemos a algún Hank Moody en nuestras vidas. Con su simpatía y
magnetismo personal,