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domingo, 11 de enero de 2015

Con mucho gusto... también en Navidad.

Juan Fco. Martín.

Una vez más, la ruleta de la vida nos lleva a la casilla de salida de un nuevo año. Atrás quedan esas tres semanas especiales que denominamos Navidad y nos sumergimos de nuevo en la rutina. Siempre me han gustado las navidades. No creo que la alegría e ilusión sea exclusiva de los niños. Posiblemente, sea un tópico al que recurrimos para enmascarar nuestras reminiscencias infantiles. En cualquier caso, las considero una excelente ocasión, excusa si lo prefieren, para la cordialidad, las bromas, exteriorizar sentimientos, compartir momentos con amigos y familia o atracarnos de todo lo que sube el colesterol y los triglicéridos.

A eso añado la espectacular escenografía, conformada por luces, decoraciones, villancicos, cabalgatas y todas las manifestaciones que las acompañan. Aunque es una locura, todos nos vemos inmersos en la vorágine de las compras compulsivas, ya sea porque hay que regalar o porque nos apetece, y todos despotricamos una vez más por lo mismo.

Aprovechando las vacaciones de los niños, o motivadas por ello, muchos disfrutan también de unos días de descanso. Hay quienes salen de viaje o quienes, simplemente, prefieren dedicar esos días a descansar y a las referidas compras navideñas.

Sin embargo, muchos otros no tienen esa suerte o esa posibilidad. Particularmente, quiero referirme a quienes no tienen trabajo y a aquellos que no les queda más remedio que trabajar en estas fechas. Respecto a los primeros, siempre incluyo

martes, 14 de octubre de 2014

Zapatero a tus zapatos.

Juan Fco. Martín.

Reconozco que mis méritos en materia de bricolaje difícilmente van más allá del cambo de bombillas, aunque sin llegar a los fluorescentes, con cebadores, casquillos, balastos y otras trampas endiabladas. Cuando estoy en racha, también me atrevo con los muebles de Ikea aunque, todo sea dicho, tampoco es para tirar cohetes.

Esta molesta torpeza manual me sitúa en la equidistancia entre la admiración y la envidia respecto a las personas habilidosas en la materia, y no  me refiero precisamente a los profesionales. Hablo de la gente “normal” que hace sus pinitos en casa, ya sea con la brocha, el destornillador o el taladro. Son esas personas que disfrutan reparando, instalando, renovando o creando, poniendo mimo y atención a los detalles, esmerándose en lo que hacen porque les gusta y quieren hacerlo bien.

Me consuelo (sin mucho éxito) pensando que cada cual es bueno en lo que es. Hay quienes tienen mayor facilidad para según qué cosas: buen oído para la música, buena inteligencia espacial para orientarse o dibujar perspectivas, destreza con los números, complexión atlética para conseguir buenas marcas deportivas… Pero no nos engañemos.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Una lección magistral.

Juan Fco. Martín.

En una reciente visita hospitalaria, coincidí con un matrimonio joven, por debajo de los 30, con el que compartí los temas de rigor en este tipo de contextos: motivos de la visita, salud de los enfermos, tiempo de permanencia en el hospital...

Se trataba de una pareja muy simpática y extrovertida, cuya naturalidad y tranquilidad al hablar de la discapacidad y graves afecciones padecidas en sus familias me sorprendió. Es más, me impresionó el despliegue que exhibieron de vitalidad, buen humor, excelente ánimo y convicción en los aspectos positivos de la vida, sin apartarse del realismo y gravedad de la situación.