Por fin. Tras sucesivas derrotas en el último año ante su bestia negra, Nadal se impuso Djokovic. Y lo hizo a lo grande, nada menos que en la final de Roland Garros, consiguiendo su novena ensaladera en este prestigioso torneo internacional. No fue tarea fácil. En los últimos tiempos, nos tiene en un continuo sin vivir, comenzando los partidos remontando resultados adversos y yendo de menos a más.
Apenas dos semanas antes, Djokovik le doblegaba en la final de Roma, también en tierra batida, sembrando la duda sobre el desenlace de un posible enfrentamiento en París.Sin embargo, a pesar de las apuestas en contra, tirando de rabia y orgullo, con pundonor y esfuerzo, el campeón español demostró, una vez más, su condición de número uno mundial y de rey de las pistas de tierra.
También nuestro segundo tenista de élite, David Ferrer, quinta raqueta en el ranking mundial, se caracteriza por su trabajo
y tesón. No tiene un tenis brillante ni demoledor, pero disputa cada punto, no
dando una bola por perdida. Que cayese ante Nadal en el torneo galo no es nuevo.
Lo que sí sorprende, y mucho, son