Antes de la implantación de los centros comerciales y de las grandes cadenas, acudíamos a comprar los productos electrónicos a "los indios", como se conocía popularmente a los comercios regentados por la comunidad hindú, de sólida implantación en la sociedad canaria.
En aquella época, el regateo era práctica habitual para fijar el precio final de venta. Se establecía un pequeño "toma y daca" que solía terminar en un punto de encuentro aceptable para ambas partes. Para el comprador porque tenía la satisfacción de haber mejorado el precio gracias a su sagacidad y habilidad. Para el vendedor porque, sencillamente, superaba el beneficio mínimo marcado para el producto vendido.
En realidad, el resultado final de la negociación podía tener una amplia variabilidad, dependiendo de diversos factores, además del margen mínimo del vendedor. Fundamentalmente: