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martes, 17 de febrero de 2015

¿Me lo repite, por favor?

Juan Fco. Martín.

Posiblemente, si preguntásemos quién es el portero más famoso del país, seguramente no sería Iker, sino Emilio. ¿De qué equipo? Pues el de aquella loca comunidad de vecinos que tan buenos ratos nos hizo pasar frente al televisor, con sus magistrales y absurdas peripecias, arrancándonos carcajadas sin tregua. Como denominador común de las juntas, las conversaciones paralelas de temas tan dispares como peregrinos, lo mismo que discusiones sin sentido, fruto de confusiones y malentendidos, además de agendas ocultas totalmente ajenas al orden del día.

Lo mismo que aquella dorada época del cine español, con el gran Berlanga al frente y sus hilarantes historias, donde los personajes urdían las tramas más disparatadas en un continuo devenir de despropósitos, casi siempre alrededor de la picaresca y del “¿qué hay de lo mío?”

Precisamente la semana pasada

jueves, 3 de julio de 2014

Incomunicación.



Juan Fco. Martín.

Las tertulias, radiofónicas o televisivas, procuran mucha información y, sobre todo, análisis y opinión sobre la convulsa y compleja actualidad que vivimos. Las diversas aportaciones de los intervinientes permiten una "fotografía" más completa de la situación, ampliando los puntos de vista parciales o interesados de partidos políticos y de los protagonistas de la noticia.

Cuando se "calienta" el debate, los contertulios suelen "pisarse" las intervenciones unos a otros, interrumpiéndose sin esperar a escuchar los razonamientos de los compañeros, difuminándose la argumentación. Quizás la expresión más radical podemos verla en los realities sobre el "famoseo" que, más bien, parecen concursos sobre quien dice más barbaridades y grita más alto.

Aunque el ejemplo más clásico de esta comunicación deficiente se manifiesta en las discusiones, cualquier conversación puede terminar convirtiéndose en monólogo cuando nos desentendemos de las explicaciones o los puntos de vista ajenos. No sólo en el ámbito privado, también en cualquiera otro como el profesional.

Siempre me sorprendió, por no decir asombró, cómo en las entrevistas de selección los jefes de departamento hablaban más que los candidatos a los que estaban evaluando.El guión se repetía una y otra vez. Tras unas preguntas iniciales,