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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Marcando el rumbo.

Juan Fco. Martín.

Algunos, cada vez menos, recordarán a la entrañable familia Ingalls, protagonista de la serie televisiva La Casa dela Pradera. En la época de la televisión única, reunía a toda la familia en la sobremesa del domingo para compartir las peripecias de sus personajes.

Igual que el agua se escurre entre los dedos, en mi memoria apenas permanece la esencia de una familia humilde y honrada, que afrontaba vicisitudes de todo tipo desde la más férrea unidad. Tal era su honradez que me quedó grabada la competición de cortar troncos con hacha, donde el padre (Michael Landon), en lugar de ayudarse de la herramienta recién comprada, utilizó su vieja hacha para compensar la ventaja de su juventud frente a otro competidor de mayor edad. Y perdió, pero se mantuvo fiel a sus convicciones y nos emocionó con su integridad.

Lo cierto es que La Casa de la Pradera reforzaba la adhesión a los valores fundamentales que nos transmitían nuestros mayores.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

¡Viva la vida loca!




No cabe duda de que la literatura, el cine y la televisión constituyen fuentes inagotables sobre la variopinta y complicada naturaleza humana. Tras sendas reflexiones sobre el mundo sui generis de Ignatius Reily y los dilemas existenciales de Sheldom Cooper, considero de gran valor pedagógico dedicar unas líneas al irreverente Hank Moody. Es posible que el mero nombre no diga gran cosa (o quizás sí), pero añadir que es el protagonista de la popular serie televisiva Californication, seguro que facilitará las cosas.

Sin entrar a valorar la abundante profusión de sexo y drogas presente en cada capítulo para evitar serios dilemas morales, las disparatadas peripecias de este peculiar personaje y de la pandilla que le rodea, son realmente desternillantes. Pensándolo bien, ¿a quién no le gustaría convertirse en Hank Moody por un día? Según se mire, podría considerarse un símbolo del éxito. Cae bien a todo el mundo, es el centro de atención, todos le quieren como amigo, es atractivo, amable, cariñoso, guionista y escritor afamado, las mujeres se disputan sus atenciones, hace lo que le da la gana… ¿qué más se puede pedir?

Posiblemente, todos  conocemos a algún Hank Moody en nuestras vidas.  Con su simpatía y magnetismo personal,

domingo, 12 de enero de 2014

Valor y coraje.


Trophy Clip Art

Juan Fco. Martín.

Yo jamás me atrevería a luchar con él.
Por eso nadie recordará tu nombre (Troya, 2004).

Sobre el papel, el proyecto de negocio ilusiona en gran medida y es muy motivador. Lo diseñamos con esmero, incluso cariño, visualizando la acogida y el éxito que tendrá, así como la gran satisfacción que nos reportará, no exenta de esfuerzo. Requerirá invertir tiempo, dinero y trabajo, posiblemente, comprometiendo ahorros, rehipotecando propiedades o tirando de amigos y familiares que crean en nuestra iniciativa.

Pero, más allá de los aspectos técnicos y materiales, el emprendimiento también se manifiesta en cualidades y características personales (profesionalmente conocidas como competencias), esenciales para alcanzar los objetivos y mejorar los resultados. Puesto que, en esencia, todos somos emprendedores a escala, en tanto que ello implica desarrollar iniciativas y tomar decisiones sobre las mismas, dichas competencias son comunes a cualquier tarea que queramos realizar con éxito.