Algunos, cada vez menos, recordarán a la entrañable familia Ingalls, protagonista de la serie televisiva La Casa dela Pradera. En la época de la televisión única, reunía a toda la familia en la sobremesa del domingo para compartir las peripecias de sus personajes.
Igual que el agua se escurre entre
los dedos, en mi memoria apenas permanece la esencia de una familia humilde y
honrada, que afrontaba vicisitudes de todo tipo desde la más férrea unidad. Tal
era su honradez que me quedó grabada la competición de cortar
troncos con hacha, donde el padre (Michael Landon), en lugar de ayudarse de la herramienta recién comprada, utilizó su vieja hacha para compensar la ventaja de su juventud
frente a otro competidor de mayor edad. Y perdió, pero se mantuvo fiel a sus
convicciones y nos emocionó con su integridad.
Lo cierto es que La Casa de la
Pradera reforzaba la adhesión a los valores fundamentales que nos transmitían
nuestros mayores.