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miércoles, 1 de julio de 2015

El chico de la obra.

Carpenter Clip Art

Posiblemente muchos recordarán aquel spot televisivo de una conocida marca de refrescos en el que, a la hora del desayuno, el chico de la obra paraba la faena para tomarse un respiro, luciendo morenazo y musculatura torneada, para deleite de un fiel público femenino. Con menos glamour, pero mucho más auténtico, todos los viernes aparece por la oficina el repartidor de agua. De enormes dimensiones y pura carne de gimnasio, se planta en la puerta, ocupando el marco en altura y anchura. Diríase que se trata de un anuncio de complemento vitamínico, o del primo de la marca de zumos. Pero no, cuando la vista llega hasta su cara, sería más acertado caracterizarlo para promocionar pasta dentrífica o, mejor aún, una auténtica declaración de alegría y felicidad.

Porque lo que realmente destaca, por encima de su fortaleza y descomunal tamaño, es la amplia sonrisa de oreja a oreja y no sólo en la boca, sino en los ojos y en todas sus facciones. Siempre acompañada de una breve carcajada como tarjeta de visita, parecería que se tratase de un joven Papa Noel si le pusiéramos barba blanca y rellenásemos su perímetro. Cualquier indicio amenazante desaparece al momento, proyectando cercanía y buen humor, siempre con una vitalidad contagiosa. Lo cierto es que es la alegría de la huerta y se nota.

Invariablemente, me asalta el mismo pensamiento cuando le veo.

martes, 23 de junio de 2015

Un día de pesca.

Pescadoreli Clip Art

Por la tarde, camino del curso de marras al que me he referido en anteriores ocasiones, siempre me encontraba con la misma escena: en un scalextric de la autopista, al abrigo de la sombra producida por la misma estructura de hormigón y asfalto, un pequeño grupo de jubilados jugando a las cartas en una mesa playera en la que nunca falta bebida y comidaMientras, las cañas de pescar trabadas entre las piedras esperando a que los peces se decidan. Desconozco si se reúnen para pescar o aprovechan la excusa de la pesca para organizar las reuniones vespertinas y pasarlo en grande. Lo cierto es que transmiten una envidiable sensación de placidez y bienestar.


En contraste, reconozco que la trascendencia y exigencia del mencionado curso me ha tenido en tensión durante demasiado tiempo, posiblemente desde el primer momento. Aunque el resultado final ha sido positivo, la cantidad de horas dedicadas y el enorme esfuerzo han supuesto un notable desgaste personal. El sentido de responsabilidad podría manifestarse como en la fábula en la que el balsero

domingo, 10 de mayo de 2015

¡Oh cielos, qué horror!

Pin en Childhood Series 动画片 
A riesgo de parecer increíble, lo cierto es que de pequeño no teníamos móviles, videojuegos ni Internet, aunque tampoco los echábamos en falta. El entretenimiento multimedia lo proporcionaba la televisión, donde disfrutábamos con deleite de los dibujos animados como Heidi, Marco, Mazinguer Z, La abeja Maya, Los Pitufos…

También estaban los personajes de Hannah Barbera, entre ellos Leoncio y Tristón, un león y una hiena que caminaban, vestían y hablaban como humanos, con caracteres bien diferentes. Leoncio representaba al optimismo permanente y a la alegría, en tanto que Tristón se mostraba alicaído, temeroso y siempre veía la botella medio vacía. La mera imagen gráfica les describía: el uno erguido, con aplomo en los andares y la sonrisa de oreja a oreja, en tanto que el otro, encorvado, cabizbajo, y repitiendo continuamente el mantra “Oh cielos, que horror”.

Puede que los personajes no resulten populares actualmente, pero los encuentro de máxima actualidad. La forma de encarar las cosas, la mera actitud al levantarnos y comenzar el día, pueden ser una plena declaración de intenciones de gran trascendencia en los resultados de nuestros actos y en nuestra vida.

La actitud positiva,

miércoles, 8 de abril de 2015

Palotes y palazos.


Resultado de imagen de contar palotes
A vueltas con el curso que me tiene de los nervios, recientemente culminamos el segundo trimestre, confío en que con fortuna para todo el grupo. La exigencia de la materia, lejos de hacer concesiones, mantiene el nivel, lo que nos ha requerido constancia, tiempo y dedicación. En contrapartida, el grupo se ha cohesionado aún más, haciendo válida la célebre expresión, “todos a una”, que lo mismo podría ser “uno para todos…” El intercambio de consultas y la colaboración permanente se han convertido en un agradable y reconfortante hábito y acicate para el estudio, a pesar del menoscabo del sueño, descanso o familia.

Al mismo tiempo, el apoyo mutuo, la complicidad y el buen humor se han instalado en las interacciones cotidianas, dentro y fuera del aula, presencial y telemáticamente, reforzando y retroalimentando la dinámica productiva. Porque no nos confundamos, lo pasamos bien y compartimos bromas, pero se trata de un equipo de trabajo que ha desarrollado sinergias compartidas de alto valor volcado en la consecución de objetivos.

En este segundo “asalto” nos las hemos tenido que ver con el tortuoso binomio debe-haber de la contabilidad empresarial. Para hacer más accesible el concepto, me refugié en sus analogías con las relaciones humanas. En cómo evaluamos y calificamos a los demás por los déficits o superhábits que atribuimos a su comportamiento y al intercambio mutuo. Se trata de una valoración que fluctúa en el tiempo, en función de los méritos o deméritos que atribuimos a los demás, así como de nuestra mesura para juzgar la importancia real o la intencionalidad de los hechos. 

Con más frecuencia de la aconsejable,

jueves, 12 de marzo de 2015

Un momentito, por favor.


¡Menudo circo! La semana pasada me topé con un listo que pretendía aparcar sobre la acera, sin la menor consideración hacia los derechos de los peatones. Pero es que el otro día me di de bruces con una miope que no veía más allá de su nariz. Y no me refiero a falta de vista, sino a cortedad de miras.

Resultado de imagen de un momento por favorCamino de casa después del trabajo, me detuve en el super a realizar un avituallamiento de emergencia para la cena. Al llegar a la línea de caja, me ubiqué en la cola que me pareció más corta y me dispuse a aguardar mi turno. A medida que se prolongaba la espera, mi sorpresa e impaciencia se incrementaban exponencialmente mirando asombrado a la persona que pasaba los artículos por el lector de códigos.

martes, 3 de marzo de 2015

Ya, ya.

Simple Handshake Clip Art

¡Todavía no salgo de mi asombro! Hace unos días, al llegar a casa tras finalizar la jornada laboral, un coche maniobraba para aparcar y subió a la acera ocupando todo su ancho. Como no retornaba a la calzada, le hice señas para ayudarle a terminar la maniobra pero, para mi sorpresa, el conductor paró el motor y se bajó. Al indicarle que estaba bloqueando el paso de la acera, por toda respuesta, me obsequió con un elocuente “ya, ya”.

Me quedé perplejo, casi paralizado, preguntándome si no había sabido expresarle la situación correctamente o si el individuo no concedía a la circunstancia mayor importancia. Aposté por la primera posibilidad, otorgándole el beneficio de la duda, y opté por aportar un nuevo argumento al debate, ya que mi interlocutor comenzaba a alejarse del coche recién “aparcado”. Puesto que el derecho de los peatones a utilizar la acera no parecía suficiente razón para dejar el paso expedito, aventuré que si pasaba alguien con un carrito de niños o en silla de ruedas vería interrumpido su camino.

A lo que replicó, no sin razón,

martes, 17 de febrero de 2015

¿Me lo repite, por favor?

Juan Fco. Martín.

Posiblemente, si preguntásemos quién es el portero más famoso del país, seguramente no sería Iker, sino Emilio. ¿De qué equipo? Pues el de aquella loca comunidad de vecinos que tan buenos ratos nos hizo pasar frente al televisor, con sus magistrales y absurdas peripecias, arrancándonos carcajadas sin tregua. Como denominador común de las juntas, las conversaciones paralelas de temas tan dispares como peregrinos, lo mismo que discusiones sin sentido, fruto de confusiones y malentendidos, además de agendas ocultas totalmente ajenas al orden del día.

Lo mismo que aquella dorada época del cine español, con el gran Berlanga al frente y sus hilarantes historias, donde los personajes urdían las tramas más disparatadas en un continuo devenir de despropósitos, casi siempre alrededor de la picaresca y del “¿qué hay de lo mío?”

Precisamente la semana pasada