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miércoles, 22 de octubre de 2014

Toca afilar tijeras.




No hace mucho vi un reportaje en televisión sobre dos hermanos de la localidad grancanaria de Tunte que, tras finalizar el, entonces obligatorio, servicio militar, abrieron una peluquería en el pueblo. Desde entonces, se han ocupado del corte y acicalado de cabellos y barbas de sus convecinos, hombres y mujeres. Creo recordar que regentan el único establecimiento del lugar dedicado a tal menester. Por cierto, los hermanos en cuestión tienen 80 y 84 años respectivamente, y continúan en activo después de 60 años en la profesión.

Ese curioso dato contrasta, cuando menos, con el deseo de muchos de jubilarse, incluso antes de la edad reglamentaria, para disfrutar de la llamada tercera edad. ¿Será que los hermanos de Tunte aún no han alcanzado dicha edad? ¿Será que, de hecho, disfrutan con lo que hacen? ¿Será que hay quienes no disfrutan de su día a día y esperan al dorado retiro para empezar a hacerlo? Como quiera que sea, los barberos de Tunte constituyen todo un ejemplo de vitalidad y dedicación al trabajo.

Más allá de la anécdota y del reconocimiento y admiración que merecen los personajes, cabría preguntarse cómo

martes, 14 de octubre de 2014

Zapatero a tus zapatos.

Juan Fco. Martín.

Reconozco que mis méritos en materia de bricolaje difícilmente van más allá del cambo de bombillas, aunque sin llegar a los fluorescentes, con cebadores, casquillos, balastos y otras trampas endiabladas. Cuando estoy en racha, también me atrevo con los muebles de Ikea aunque, todo sea dicho, tampoco es para tirar cohetes.

Esta molesta torpeza manual me sitúa en la equidistancia entre la admiración y la envidia respecto a las personas habilidosas en la materia, y no  me refiero precisamente a los profesionales. Hablo de la gente “normal” que hace sus pinitos en casa, ya sea con la brocha, el destornillador o el taladro. Son esas personas que disfrutan reparando, instalando, renovando o creando, poniendo mimo y atención a los detalles, esmerándose en lo que hacen porque les gusta y quieren hacerlo bien.

Me consuelo (sin mucho éxito) pensando que cada cual es bueno en lo que es. Hay quienes tienen mayor facilidad para según qué cosas: buen oído para la música, buena inteligencia espacial para orientarse o dibujar perspectivas, destreza con los números, complexión atlética para conseguir buenas marcas deportivas… Pero no nos engañemos.

domingo, 5 de octubre de 2014

De cabras y montes.

Juan Fco. Martín.


Desde antes de comenzar la asignatura de Personalidad, la mala fama de borde y “hueso” precedía al “profe”, a quien ni siquiera conocía aún. Lo cierto es que asistir a las clases de Vicente Pelechano Barberá fue un auténtico privilegio y satisfacción, diría que lo mejor del curso. Aquel hombre, de reconocimiento y prestigio internacional, sabía de lo que hablaba y disfrutaba compartiéndolo. Sus clases eran un continuo fluir de conocimientos expresados con amenidad, erudición y habilidad pedagógica. No menos cierto fue que hubo que hincar los codos para aprobar, pero supongo que en eso consiste el trabajo de estudiante, aunque en aquella época no estuviésemos por la labor.

El estudio de la personalidad humana ha sido muy abundante por la importancia de sus repercusiones en todos los ámbitos de la vida:

martes, 30 de septiembre de 2014

¿Corazones o picas?


Hay series televisivas que siempre vienen muy a mano para pasar un rato desenfadado y divertido, como Frasier, Seinfeld, Aquí no hay quien viva o The Big Bang Theory. Pero también brindan una excelente oportunidad para reflexionar sobre la diversidad y complejidad del comportamiento humano. Por ejemplo, esta última, al tiempo que lleva al límite las extravagancias de los protagonistas, rindiendo un homenaje al universo friki, también representa una excelente oportunidad para caracterizar estereotipos de conducta presentes en la sociedad.

Hoy me gustaría dedicar estas líneas a los personajes de Sheldom y Penny.  Más allá de las evidentes diferencias estéticas (aunque siempre habrá preferencias para cada gusto), podríamos decir que ambos están en las antípodas en cuanto a su percepción y estrategias de interacción con el mundo que les rodea.

Sheldom es un brillante doctor en física, a la vanguardia de la investigación sobe la Teoría de Cuerdas, a la vez que también es una base de datos viviente de todo tipo de información. Su privilegiado cerebro da continuas muestras, con creces, de sus extraordinarios conocimientos y razonamientos sobre el funcionamiento de las cosas. Vive en un mundo psicológico y físico perfectamente ordenado, donde todo tiene sentido y explicación, siendo predecible y confortable. Basa sus decisiones en el análisis racional, sopesando pros y contras, seleccionando la mejor opción conforme a parámetros objetivos.

Por su parte, Penny, eterna aspirante a actriz, se gana la vida como camarera, sin aparentes perspectivas de mejora laboral o económica. Carece de inquietudes intelectuales, siempre anda corta de recursos, vive en medio del caos, sin orden alguno, tanto en su apartamento como en su vida, a golpe de improvisación y sin más horizonte que gestionar el día a día según se presente. Es impulsiva, pasional, arrastrada por su instinto y emociones, sin pararse en proyecciones de posibles pérdidas o ganancias.

Hasta aquí la lectura fácil de los hechos. Igualmente, cabe añadir que

miércoles, 24 de septiembre de 2014

¡Viva la vida loca!




No cabe duda de que la literatura, el cine y la televisión constituyen fuentes inagotables sobre la variopinta y complicada naturaleza humana. Tras sendas reflexiones sobre el mundo sui generis de Ignatius Reily y los dilemas existenciales de Sheldom Cooper, considero de gran valor pedagógico dedicar unas líneas al irreverente Hank Moody. Es posible que el mero nombre no diga gran cosa (o quizás sí), pero añadir que es el protagonista de la popular serie televisiva Californication, seguro que facilitará las cosas.

Sin entrar a valorar la abundante profusión de sexo y drogas presente en cada capítulo para evitar serios dilemas morales, las disparatadas peripecias de este peculiar personaje y de la pandilla que le rodea, son realmente desternillantes. Pensándolo bien, ¿a quién no le gustaría convertirse en Hank Moody por un día? Según se mire, podría considerarse un símbolo del éxito. Cae bien a todo el mundo, es el centro de atención, todos le quieren como amigo, es atractivo, amable, cariñoso, guionista y escritor afamado, las mujeres se disputan sus atenciones, hace lo que le da la gana… ¿qué más se puede pedir?

Posiblemente, todos  conocemos a algún Hank Moody en nuestras vidas.  Con su simpatía y magnetismo personal,

miércoles, 17 de septiembre de 2014

El dilema.


En uno de sus paroxísticos dilemas, nuestro amigo SheldomCooper, protagonista de la popular serie televisiva The Big Bang Theory, se cuestionaba, no sin razón, si era mejor comprar Xbox One o Sony PS4. A buen seguro que también nos suenan estos nombres, máxima referencia en la industria del videojuego. El gasto mundial en la industria del videojuego es muy suculento y genera enormes beneficios, por lo que, quien apueste más fuerte, se llevará el mayor trozo de pastel, además de convertirse en la referencia a seguir.

Junto a Sheldon, puede que más de uno se haya hecho la misma pregunta. Cabe aclarar que, salvo contadas excepciones, los títulos que se pueden usar en ambas consolas son prácticamente los mismos, Entonces, ¿a cuenta de qué  la diatriba en la elección? ¿Se trata de una excentricidad más del histriónico personaje? Sí y no. Llevar al extremo la disyuntiva carece de sentido cuando se pretende pasar un buen rato que, con total seguridad, disfrutaremos cualquiera que sea la plataforma tecnológica seleccionada.

Sin embargo, para los puristas, las cosas no son tan fáciles

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Nadando contra corriente.


Quizás uno de los descubrimientos literarios más divertidos que he disfrutado fue La conjura de los necios, del malogrado John Kennedy Tool, hace ya un puñado de años. Zambullirse en el mundo de Ignatius J. Reilly supuso una sucesión de hilarantes y magníficos ratos leyendo y recordando sus aventuras y desventuras.

Aquél entrañable personaje vivía una realidad propia con una lógica palmaria y razonamientos demoledores perfectamente urdidos. Claro que sólo cobraban sentido para él, alejándose de toda argumentación convencional. Era como si cambiase la perspectiva consensuada socialmente de las cosas, tornándola en otra totalmente personal, regida por su punto de vista único. Una versión moderna del personaje podría encontrarse en Sheldon Cooper, protagonista de la serie televisiva The Big Bang Theory. Ambos caracteres son brillantes, a la vez que tremendamente, infantiles y egoístas, sin la menor habilidad, ni preocupación, hacia la armonía de las relaciones con el resto de los mortales. De hecho, las personas con las que se relacionan son meros instrumentos para conseguir sus fines. No obra en ellos malicia o animadversión; sencillamente, esa forma sui generis de entender el mundo, condiciona también su percepción de las relaciones sociales.

Es más que posible que ni siquiera