Los músicos de Bremen,
clásico relato de los hermanos Grimm, narra las peripecias de un asno, un
perro, un gato y un gallo que huyen de su hogar porque iban a ser sacrificados
al, dejar de ser útiles por ser demasiado viejos.
Cabizbajos con tan lúgubre panorama, coincidieron en el camino compartiendo tristezas e incertidumbres. Al caer la noche, se aproximaron a una
casa en el bosque buscando refugio, pero resultó estar ocupada por un grupo de
peligrosos bandidos. Como el frío era intenso y los huesos cansados dolían, se
conjuraron para engañar a los rufianes, subiéndose uno sobre otro y gritando al
unísono, simulando tratarse de una criatura sobrenatural. Y funcionó. La banda salió despavorida y los ancianos animales se quedaron a vivir en la casa del bosque.
De no ser por esa camaradería surgida de las circunstancias
compartidas, los desventurados protagonistas no hubiesen tenido la menor
oportunidad de mantenerse con vida en tan adversa situación. Sin embargo, participar
de una misma realidad y un objetivo común, aguza el ingenio y refuerza el
vínculo, coordinando esfuerzos y voluntades.


