Procedente de la mecánica, la capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación, se hizo extensiva a la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.
Técnicamente, se trata de la habilidad para manejar el estrés y responder satisfactoriamente a momentos dificultosos, hacerles frente y superarlos de forma positiva. De la misma forma que un patito de goma recupera su forma original al comprimirlo, la resiliencia nos ayuda a superar y recuperarnos al sufrir una tragedia o un trauma.
Esta capacidad de recuperación psicológica tiene correlatos fisiológicos de gran relevancia. Una persona que se propone y esfuerza por superar los reveses y las situaciones de estrés, traslada este impulso y energía a la enfermedad o dolencias físicas, favoreciendo y acelerando la sanación.
Asimismo, en el plano profesional, constituye una excelente competencia que incrementa nuestra capacidad para afrontar y persistir ante las dificultades del día a día. La resiliencia vincula directamente con la habilidad de adaptación al cambio, ya sea del mercado, nuevas tendencias, modelos de producción o las nuevas tecnologías, entre otros.
También tiene una relación directa con la innovación y la búsqueda de soluciones nuevas ante la pérdida de eficacia o inoperancia de los procedimientos habituales. La facilidad y celeridad de esa transformación es esencial y crucial para desarrollar y consolidar nuestro valor y competitividad profesional y empresarial.
La resiliencia no es genética, ni exclusiva. Todos tenemos la posibilidad de entrenarla y potenciarla, habida cuenta de sus contundentes y manifiestos efectos positivos. Sólo nacemos con el ansia por sobrevivir, con el único argumento del llanto. Todo lo demás lo aprendemos por el camino, desarrollando estrategias de adaptación a lo largo de la vida. Está en nuestra voluntad para rehacernos y reinventarnos ante la adversidad.
Todo esto lo compruebo de primera mano con el ejemplo que dan las personas al afrontar terribles circunstancias, haciendo de tripas corazón y recomponiéndose cada día del fuerte golpe asestado por la fatalidad. Y ahí siguen, librando la batalla sin darla por perdida, a pesar de la trágica experiencia que les ha tocado vivir.
Desterremos, pues, el derrotismo y la resignación, y apostemos por nuestra capacidad para rebelarnos y combatir las situaciones difíciles, por duras que sean.
Gracias por compartir y que tengas un estupendo día.
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