A vueltas con la visita a la clínica
odontológica fashion, tras hacerme la
radiografía buco-dental (una panto, según la llamaban allí), me dirigieron a otra consulta para proceder a la
limpieza. Con la enorme pantalla encima de mi cabeza, podría parecer que estaba disfrutando una
proyección Imax, de no ser por el mal rato que me estaba dando el odioso
cepillo de limpieza. A fe mía que aún revivo el tormento. En más de una ocasión
estuve tentado, urgido, de salir corriendo, preguntándome por qué diantres soportar
aquello. Como si no hubiese ya suficientes cosas desagradables que afrontar en la vida cotidiana.
¿A cuento de qué “comerme el marrón” sin necesidad?
En estas andaba cuando, sin previa
invitación,
apareció el dichoso Pepito Grillo de los mismísimos, diciéndome no sé qué de mi salud bucal y marcando el camino correcto a seguir. Torciendo el gesto con resignación, recordé cómo aplicamos esta máxima al educar a los hijos, guiándolos por la senda adecuada, a pesar de no ser siempre plato de su gusto. Claro que no es lo mismo dar jarabe que recibirlo.
apareció el dichoso Pepito Grillo de los mismísimos, diciéndome no sé qué de mi salud bucal y marcando el camino correcto a seguir. Torciendo el gesto con resignación, recordé cómo aplicamos esta máxima al educar a los hijos, guiándolos por la senda adecuada, a pesar de no ser siempre plato de su gusto. Claro que no es lo mismo dar jarabe que recibirlo.
Como en el dentista, en ocasiones
nos sentimos tentados de “escaquearnos” cuando nos toca “retratarnos”, de mirar
hacia otro lado para no complicarnos, o de dejar las
cosas para otro momento. Otras veces, eludimos comprometernos o establecer
fechas límite, como si quisiéramos mantener despejadas las “salidas de
emergencia”, evitando “pillarnos los dedos”.
Aunque sólo fuese por decoro y rigor
profesional, ¿por qué no sacamos el máximo provecho al tiempo por el que se nos
paga? Pensándolo mejor, ¿qué nos impide aprovechar
todas las oportunidades que se nos presentan en nuestro trabajo para demostrar
nuestra valía, emprender nuevos proyectos o colaborar con compañeros, clientes
y proveedores compartiendo objetivos comunes?
Afortunadamente, el sentido de la
responsabilidad es una poderosa brújula que nos brinda excelentes consejos, a
poco que queramos escucharlos. Más allá de los momentos de debilidad, contraer compromisos
también genera grandes satisfacciones. Asumir nuevos retos puede generar dudas
o inseguridad. Pero, igualmente, también es una fuente de energía, de excitante
activación que dirige nuestro esfuerzo y despliega nuestras destrezas.
Comprometerse en el desarrollo de
proyectos compartidos, lejos de posibles ataduras, supone una edificante y
fructífera aventura, una coyuntura de aprendizaje plena de nuevas experiencias
y conocimientos, una enriquecedora ocasión para compartir objetivos y colaborar
con otras personas, sean colegas, clientes o proveedores. Y, ¿por qué no
decirlo todo?, una magnífica ocasión de vivir inolvidables momentos cada día.
En definitiva, a pesar de los
dentistas y sus molestas limpiezas bucales, retomando las reveladoras palabras de
Eugenio Ibárzabal, constaté, una vez más, lo
acertado de su aseveración “haz lo que toca, aunque no te guste”. Más aún, me atrevería a añadir "aprovecha cada oportunidad para adquirir nuevos aprendizajes y compartir experiencias".
Gracias por compartir y que tengas
un estupendo día.
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